Página 144 del número 154, de marzo de 2009
pag144-145 19/2/09 144 145 11:48 Página 1 AUDI R8 4.2 FSI QUATTRO motor El imperio de los sentidos on el R8, Audi entra en el coto cerrado de los Ferrari, Porsche o Lamborghini, en el olimpo de los verdaderos deportivos o más bien de los superdeportivos como gusta decir ahora, que no tienen nada que ver con berlinas muy vitaminadas de caballos, como es el caso de los modelos RS de esta misma marca, ni siquiera con coupés derivados de estas berlinas. Aquí hablamos de otra cosa muy diferente, de otros comportamientos dinámicos, de otras cifras, de otras sensaciones. Sensaciones, sí, pues estamos ante un verdadero imperio de los sentidos. Y así nace la primera sensación, la visual. Estéticamente la planta del R8 resulta impresionante, aderezada por enormes tomas de refrigeración distribuidas por todo el perímetro de la carrocería construida en aluminio. Por ello, no es extraño que a lo largo de la prueba del R8 han sido muchos los que se acercaban para hacer fotos a nuestro protagonista e incluso en marcha desde otros coches con cámaras o móviles querían captar la imagen de este extraordinario deportivo de Audi. Extraordinario y también pensado para un uso diario sin problemas, ?un coche para ir a comprar el pan?, destacaba uno de los responsables del proyecto, al estilo de un Porsche 911 que es el modelo a batir por esta criatura de Ingolstadt. En realidad, el R8 tiene la misma longitud que el 911; 4,43 metros, si bien su altura de 1,25 metros es inferior en cinco centímetros a la del Porsche y sobre todo la distancia entre ejes es nada menos que treinta centímetros mayor, fruto del motor en posición central posterior, como todo superde- C portivo que se precie, como un verdadero coche de competición, algo que determina igualmente la diferencia de comportamientos. Segunda sensación es el tacto. El interior desprende la imagen de alta calidad propia de todo Audi, confirmada por la presencia de muchos mandos compartidos con otros modelos de la marca. El habitáculo, si bien se trata de un biplaza puro, no da sensación de agobio. Los fantásticos asientos se pueden regular en altura y longitudinalmente, así como la anchura de la banqueta y del respaldo para ajustarlos al cuerpo. Detrás de ellos hay un espacio de 90 litros para una bolsa de viaje o bien de palos de golf, que, por cierto, se ve complementado con un maletero pequeño pero profundo situado bajo el capó delantero. Una vez sentados ante el volante se disfruta de una perfecta ergonomía: los mandos están donde deben y no hay que ir a buscarlos. La música celestial del motor Tercera sensación: el sonido. Detrás de nuestras cabezas, separado por un cristal, duerme el ocho cilindros en V, el que montaba el RS4 con algunas diferencias como la incorporación de un engrase por cárter seco en lugar del cárter húmedo para garantizar la lubricación en largos y fuertes apoyos. A pocas revoluciones es una mecánica bien educada, con una respuesta progresiva, aunque el cambio automático la haga algo más brusca. En este apartado viene la principal crítica, pues el cambio automático no nos ha gustado por su lentitud en el paso de una relación a otra y por ello parece más aconsejable optar por el cambio manual original. Nº 154 Marzo 2009